El sueño: por qué no es «apagar» el cuerpo, sino uno de sus procesos más activos

El sueño: por qué no es «apagar» el cuerpo, sino uno de sus procesos más activos

Cada noche el sueño se organiza en ciclos de unos 90 minutos que se repiten entre 4 y 6 veces, según Sanitas: sueño ligero (la mitad de la noche), sueño profundo —donde la hormona del crecimiento alcanza su pico y se concentra la reparación de tejidos— y sueño REM, clave para consolidar el aprendizaje. El NHLBI (NIH) recomienda entre 7 y 8 horas para adultos, y advierte de un mecanismo poco intuitivo: la falta de sueño se acumula como una «deuda» que ni las siestas ni dormir más el fin de semana compensan del todo.

Durante el sueño profundo también se activa el sistema glinfático: según describe Scientific American, el líquido cefalorraquídeo arrastra residuos metabólicos del cerebro —entre ellos la beta-amiloide, asociada al alzhéimer— a una velocidad que en ratones dormidos duplica la de los despiertos. Y por la noche el cerebro reorganiza activamente lo aprendido durante el día: las mismas células que se activaron al vivir una experiencia se reactivan mientras dormimos, trasladando la información del hipocampo a la corteza cerebral para su almacenamiento a largo plazo, según explica el Centro de Ciencias de la Complejidad de la UNAM.

La relación con el estrés es de doble sentido, según Banner Health: dormir poco eleva el cortisol y mantiene al cuerpo en alerta, lo que a su vez dificulta conciliar el sueño la noche siguiente —un círculo que se retroalimenta y que, por debajo de las seis horas de sueño, se traduce en más irritabilidad y peor concentración—.

Fuentes: NHLBI (NIH) — ¿Cuántas horas de sueño son suficientes?, Scientific American — How Sleep Cleans the Brain.

Para profundizar más: el informe completo.