Desde finales de febrero de 2026, Oriente Medio vive un conflicto bélico entre Estados Unidos, Israel e Irán que ha vuelto a poner el estrecho de Ormuz —por donde transita en torno al 20% del petróleo mundial— en el centro de la economía global. Este artículo repasa el origen y la situación actual de la guerra, sus consecuencias sobre la economía mundial y su impacto concreto en España, con datos del Banco de España y de organismos internacionales.

De los bombardeos de febrero al impacto en el bolsillo de los españoles
Cómo empezó y dónde está ahora el conflicto
El conflicto se inició el 28 de febrero de 2026 con una serie de bombardeos aéreos de Estados Unidos e Israel sobre distintas ciudades de Irán, en medio de negociaciones diplomáticas que seguían en curso, según recoge Britannica. El primer ataque acabó con la vida del líder supremo iraní, Ali Jamenei, y provocó una respuesta iraní con misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses en varios países del Golfo, además de restricciones al tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. Tras más de cinco semanas de combates, Estados Unidos e Irán acordaron un alto el fuego el 7 y 8 de abril que incluía a Israel, aunque el conflicto se reanudó en julio después de que Irán atacara buques comerciales que habían evitado su ruta preaprobada. A finales de julio, según el seguimiento en directo de CNN, Estados Unidos había suspendido temporalmente sus ataques para facilitar conversaciones, aunque Irán negaba que existieran negociaciones activas en ese momento.
El golpe al petróleo y a las economías más vulnerables
Las sucesivas restricciones al tráfico por el estrecho de Ormuz han disparado el precio del petróleo en distintos momentos del conflicto, con el Brent acumulando subidas superiores al 50% desde el inicio de los ataques en algunos picos de tensión. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) advierte de que el golpe no se reparte por igual: de 75 economías vulnerables —países menos adelantados y pequeños Estados insulares—, 65 dependen del petróleo importado, lo que expone a casi 1.000 millones de personas a mayores costes de combustible y a la disyuntiva entre pagar la factura energética o mantener el gasto en servicios públicos esenciales. Analistas de bancos como Barclays o Goldman Sachs, citados en la cronología de la crisis del estrecho de Ormuz, han señalado el riesgo de que los precios del crudo se mantengan elevados de forma prolongada si las restricciones continúan, con la OPEP+ tratando de compensar parcialmente la escasez con incrementos de producción.
El impacto concreto en la economía española
El Banco de España revisó al alza su previsión de inflación para 2026 hasta el entorno del 3% en su primer análisis tras el estallido del conflicto, y advirtió de que, en un escenario adverso en el que la guerra se prolongue y se intensifique, el IPC podría acercarse al 6%, con un impacto negativo de hasta cuatro décimas sobre el PIB, menor creación de empleo y un déficit público más alto de lo previsto, según recoge este análisis de sus propias proyecciones. BBVA Research, por su parte, elevó su previsión de inflación al 3,8% para 2026 por lo que calificó como un golpe «intenso y persistente», aunque subrayó que España está más protegida que otros países al no depender de las importaciones energéticas del Golfo Pérsico, aunque el impacto se transmite igualmente a través de otros canales como las exportaciones o la inversión, con un efecto estimado de entre 0,1 y 0,5 puntos de PIB en 2026 y 2027.
En la misma línea, el servicio de estudios de CaixaBank identifica tres canales de transmisión del shock a la economía española: el inflacionario (energía, otros productos procedentes del Golfo Pérsico y mayores costes de transporte marítimo), el de la demanda externa (si el conflicto frena el crecimiento de los socios comerciales de España) y el financiero (si suben los tipos de interés y se endurecen las condiciones de financiación). Según su análisis, la exposición directa de España a los países del Golfo Pérsico es limitada —apenas el 2% de las exportaciones españolas de bienes y servicios, un 0,7% del PIB en 2025—, aunque las medidas fiscales aprobadas por el Gobierno para amortiguar el golpe en carburantes y electricidad podrían reducir el impacto de la inflación en unas cuatro décimas.
El cuadro que dibujan estos análisis es el de una economía española relativamente protegida en comparación con países que dependen directamente del petróleo del Golfo, pero no inmune: el Banco de España, BBVA y CaixaBank coinciden en que el principal canal de contagio es la inflación energética, aunque discrepan en la magnitud exacta del impacto y en cuánto tiempo tardará en disiparse, algo que depende en última instancia de la duración e intensidad de un conflicto cuya resolución diplomática sigue sin confirmarse.


