El verano de 2026 ha estado marcado por dos terremotos de gran magnitud que han puesto a prueba la respuesta de emergencia de dos países muy distintos: el doble terremoto que sacudió Venezuela el 24 de junio, uno de los más mortíferos de las últimas décadas en la región, y el fuerte sismo que golpeó el sur de Japón a finales de julio. Este artículo repasa ambos eventos con datos de fuentes oficiales (USGS, gobiernos afectados), organismos internacionales y ONG humanitarias.

Los terremotos más importantes de las últimas semanas
El doble terremoto de Venezuela (24 de junio de 2026)
El 24 de junio de 2026, la costa norte de Venezuela sufrió un «doblete sísmico»: dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 separados por apenas 39 segundos, según los datos oficiales del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), que emitió alerta roja PAGER para ambos eventos por la alta probabilidad de víctimas y daños extensos. El sismo principal, de magnitud 7,5, se localizó a solo 10 km de profundidad cerca de Yumare, lo que amplificó su capacidad destructiva en superficie.
El balance de víctimas ha ido aumentando semana a semana a medida que avanzaban las labores de rescate y remoción de escombros. Según el último recuento oficial recogido por Infobae, a finales de julio la cifra de fallecidos ascendía a 5.398, con 16.740 heridos y más de 128.000 familias atendidas por las autoridades; el estado de La Guaira concentró la mayor parte de la destrucción. El Gobierno venezolano no ha ofrecido una cifra oficial de desaparecidos, aunque fuentes de Naciones Unidas citadas por medios internacionales la sitúan en varias decenas de miles.
La respuesta humanitaria se coordinó a través del Movimiento de la Cruz Roja. Según su comunicado oficial, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) desplegó ayuda de emergencia y especialistas internacionales, mientras que la Cruz Roja Española envió 21 toneladas de material humanitario, incluida una clínica de emergencia. Casi un mes después, la propia IFRC advirtió de que el desastre estaba lejos de haber terminado, señalando que solo había recibido una cuarta parte de los 50 millones de francos suizos solicitados para financiar su respuesta.
El terremoto de Kumamoto, Japón (28 de julio de 2026)
Un mes más tarde, un terremoto de magnitud 7,1 sacudió la prefectura de Kumamoto, en el sur de Japón, a las 16:27 hora local, según la Agencia Meteorológica de Japón (JMA), recogida por Infobae. El epicentro se situó a unos 10 km de profundidad bajo la isla de Kyushu, y algunas zonas registraron el nivel máximo de la escala sísmica japonesa shindo. Se emitió una alerta de tsunami que fue retirada horas después.
El terremoto provocó el colapso parcial de un centro comercial en Kumamoto, con varias decenas de personas atrapadas, cortes eléctricos que afectaron a más de 46.000 hogares y la suspensión de los trenes Shinkansen y del aeropuerto de la zona. La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, confirmó un balance de al menos 13 fallecidos en los días posteriores al seísmo, con equipos de rescate trabajando contrarreloj en los edificios colapsados.
Una actividad sísmica que no se detiene
Ambos episodios se enmarcan en un contexto de actividad sísmica global constante: solo durante julio de 2026, los informes mensuales de VolcanoDiscovery, que recopila datos de las principales agencias sismológicas, registraron a diario varios terremotos de magnitud 5 o superior en distintos puntos del planeta. La diferencia entre un sismo que pasa casi desapercibido y una catástrofe como la de Venezuela o Japón depende de factores como la profundidad del hipocentro, la densidad de población en la zona y la resistencia sísmica de las construcciones, un factor que analistas y organismos de ingeniería ya señalan como clave en la respuesta venezolana.


